‘Atrápame si puedes’, de Steven Spielberg

Steven Spielberg, director que se ha ganado a pulso el calificativo de ‘gran’, y entendedor como el que más de los personajes que protagonizan la historia que filma, hace con esta película un prolijo trabajo, dotando de ritmo una trama que en manos de un novato podría hacerse excesivamente larga y haciéndola trepidante, sin darle tiempo al espectador a que consulte el reloj.

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‘Atrápame si puedes’ cuenta la historia de Frank W. Abagnale (Leonardo DiCaprio), desde su etapa de hijo adolescente y modélico hasta su evolución a hombre hecho a sí mismo mediante la estafa, ‘forzado’ por las situaciones que le depara la vida a tomar un camino legalmente cuestionado para salirse con la suya. Carl Hanratty (Tom Hanks), agente del FBI, tratará de darle captura pero Frank, hábil caradura, valiéndose de sus mil rostros (aviador, médico, abogado) le tomará ventaja poniéndole difícil la tarea.

Lo más curioso del film es el proceso evolutivo del personaje que intepreta Leonardo DiCaprio, pues de ser un hijo modélico se verá forzado a lidiar con la vida a través de vías ilícitas desde el punto de vista legal, pero ¿y desde el punto de vista moral? Si se tiene en cuenta la motivación del joven protagonista, el fin que pretende… ¿cómo condenarlo? Frank es una persona inestable y emocionalmente incompleta y cuando estafa no lo hace por crear fortuna sino por ganarse el respeto de un padre al que admira y ayudar a éste a recuperar lo que Frank anhela con más fervor, la familia.

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Ante esta misma encrucijada se enfrenta el agente del FBI encarnado por un Tom Hanks en la sombra, que pese a los quebraderos de cabeza y humillaciones a los que se ve sometido por la audacia del joven estafador, termina dejando a un lado sus prejuicios y viendo quizás reflejada en Frank a su hija, le tiende una mano y deposita ciegamente su confianza en él, confianza a la que Frank, chico legal a pesar de la ilegalidad de sus fechorías, se sostendrá como si de un clavo ardiendo se tratase.

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A pesar de la comicidad o sobriedad de ciertos tramos de la historia, Spielberg dota a los personajes de un cáriz emocional que le otorga al film mayor sensación de realidad, si bien es cierto que en algún momento ese punto de emoción sobrepasa los límites acercándose peligrosamente a la sensibleria fácil, pero como ‘gran’ director la sortea con genialidad.

Película entretenida con buenas interpretaciones. Destaca sobre todo la de Christopher Walken en el papel de padre de Frank, representación que le concedió una oportunidad de alzarse con la estatuilla dorada. También destaca una jovencísima y llorosa Amy Adams con brackets, curioso cuánto menos.

DiCaprio aúlla en la gamberra El Lobo de Wall Street

Drogas. Sexo. Alcohol. Fiesta. Dinero. Y más drogas y sexo. Junto a un inconmensurable Leo DiCaprio, estos son los ingredientes sobre los que se sustenta ‘El lobo de Wall Street’, un excéntrico y travieso relato sobre un corredor de bolsa cegado por el poder y dinero inmediato que puede hacer con sorprendente rapidez, estafando de paso a todo el que se cruce en su camino (¿debería decir llamada?) y seguir así incrementando su fortuna.

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Una vez conseguido ese, su principal objetivo, Jordan Belfort y su manada de lobos parecen empeñados en desahogar todo el estrés que les supone estafar a pobres incautos en exageradas y desmesuradas fiestas, no solo por la magnitud de estas sino también por las excentricidades que cometen sus anfitriones.

Martin Scorsese da un salto cuantitativo, que no cualitativo al trasladar su visión de la corrupción en América de los suburbios neoyorkinos a las altas esferas de Wall Street para demostrar que ni el más rico ni el más listo es inmune a las tentaciones que el dinero puede cubrir y de la perversión que éste puede hacer incluso con alguien aparentemente honrado.

Todo en esta sátira resulta loco, excesivo. Desde las fiestas a la eléctrica actuación de Leonardo DiCaprio. Incluso el genio de Scorsese, con una dirección enérgica es capaz de reflejar en el ritmo del film, el ritmo de vida de los protagonistas.

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Aunque rece el «basado en hechos reales» y siendo consciente de las locuras de quien alcanza el poder sin el mínimo esfuerzo, dudo que las juergas del Jordan Belfort real fuesen tan esperpénticas como el gran maestro de Marty nos quiere hacer creer.

Película divertida, desfasada y muy gamberra. El metraje, excesivamente largo para un film empeñado en mostrar una y otra vez diversas formas de despilfarrar, mantiene por contra al espectador inmerso en lo que sucede en la pantalla, como si nunca se hubiese corrido una juerga. Y si algo se le puede reprochar al director es el enaltecimiento del protagonista, esa especie de redención al final que deja la sensación de algo inmerecido.

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