Short Term 12: humana, cruda, real

El ser humano es complicado y Destin Cretton consigue hacer de esta película una de las que mejor reflejan esa complejidad. Cada habitante del centro de acogida Short Term 12 es vulnerable, tiene problemas que superar y miedos con los que lidiar. El acierto del film no es solamente ser capaz de plasmar la veracidad de los personajes sino ser capaz de captar la humanidad de cada uno de ellos.

Imagen

Los personajes de esta película, la historia que cuenta sobre sus vidas sucede en el mundo real y el director, enfocando la trama desde el punto de vista de los que sufren decide contar sus tormentos. Grace (Brie Larson) es una joven que después de supuestamente haber superado los problemas que la traumatizaron en la infancia está al cargo del centro y junto a otros trabajadores (John Gallager Jr., Stephany Beatriz y Rami Malik), acogen a jóvenes que vagan perdidos a la deriva y les ayudan a encauzar sus vidas. Lo que no esperaba es que con la llegada de una audaz joven, recuerde su propio pasado conflictivo y se vea, al igual que a los niños a los que supervisa, en una encrucijada entre encararlos o darles la espalda como había hecho hasta el momento.

Imagen

La violencia, el odio, el dolor… Siempre tienen una explicación y en esta película se lucha por desentrañar el origen de esos males (aún sin ahondar en las historias que los causan) y buscar soluciones. Plantea que no hay que dar la espalda a esos problemas que enturbian la vida de los personajes sino sacar todo el coraje que uno lleva dentro de sí y encararlos.

Así pues, a medida que transcurre el metraje, se van desvelando para el espectador las distintas capas tras las que se oculta el verdadero ser de esos personajes. Éstos se muestran tan desnudos emocionalmente que difícilmente el público no empatizará con ellos. Y esa es el momento en el que el espectador, al igual que los habitantes de Short Term 12, a pesar de la cruda y triste realidad que a algunos les ha tocado vivir, puede apreciar las cosas buenas que yacen latentes en la rutina del mismo, de los adolescentes y de sus tutores. Cariño, compañerismo, solidaridad y escuchar al prójimo se convierten en esta película en valores necesarios para soportar y olvidar los males pasados. Esa desnudez emocional que comentaba anteriormente es la que permite que uno se pueda poner en su piel, que empatice con ellos y así pueda entenderlos, no juzgarlos. 

Imagen

Pues eso es justo lo que pretende la película, la necesidad de que alguien te entienda y te apoye, que alguien te ayude a recomponer la confianza rota en todo como elemento imprescindible para entenderse a uno mismo y superar esos conflictos internos que los asolan.

‘Short Term 12’ es una película capaz de reflejar en tan solo 90 minutos de metraje, infinidad de sentimientos e integrarlos a la perfección.

Imagen

Entrañable, veraz. Golpe de cruda realidad que atraviesa el corazón pues, ¿qué puede llegar a aportar más satisfacción y ser más gratificante que implicarse con alguien, contribuir a que supere sus problemas y así pasar a formar parte de su vida? Si alguien quiere asistir a un derroche de emociones reales, ésta es su película. El sufrimiento de todos y cada uno de los personajes se antoja tan real, tan cercano como si de algo tangible se tratase. Hace que prácticamente olvides que es una representación, pues se antoja tan auténtica que hace que uno se sienta parte de la vida de esos «desvalidos», como les llama el nuevo tutor.

 

The Spectacular Now: «Está bien vivir el ahora, pero lo mejor del ahora es que hay otro mañana, y voy a empezar a hacer que cuenten»

A pesar del placer que parece que les produce a los americanos hacer películas sobre la adolescencia, creo fervientemente que ‘The Spectacular Now’ puede haber sentado las bases para no despreciar las cintas de esta temática, pues es una de las únicas películas capaces de plasmar con tanta naturalidad la adolescencia.

Después de dejarlo con su novia, Sutter Keely (Miles Teller) encuentra en Aimee Finicky (Shailenne Woodley), una chica tímida e inteligente, a la persona ideal para llevar a cabo una especie de proyecto sociológico.

Sutter Keely, un chico divertido y popular cree que acercándose a Aimee Finicky puede contribuir a mejorar la vida de la chica. Pero, lo cierto, es que lo hace para huir de sus propios problemas. Con lo que sin duda no contaba era que la bondad y entrega de la joven podría traspasar esa barrera invisible del «objeto de estudio» e influir en su propia vida, dándole una bofetada que lo traería de vuelta a la vida real.

Y es al enfrentarse a la cruda realidad cuando el joven y alocado Sutter puede sentar cabeza y saber qué es lo que realmente quiere hacer con su vida. Es en ese momento cuando se encuentra y se percata de lo perdido que estaba y ese es el estimulante que necesitaba para superar sus miedos y carencias y seguir adelante. Y al igual que la realidad golpea al protagonista, también lo hace con el espectador, dejando al público con el corazón en un puño.

Imagen

Lo trama transcurre a base de momentos cómicos y románticos, incluyendo dramón familiar de por medio. Y a pesar de contar con elementos que el espectador ya está cansado de observar en otras películas, el director consigue abordar la película desde una perspectiva diferente, dotándola de un halo de naturalidad que se percibe en cada escena, en cada conversación.

Sin duda, esa naturalidad no habría sido posible de no ser por las excelentes interpretaciones y de la increíble química existente entre los protagonistas. Milles Teller es todo un descubrimiento y Shailenne Woodley se consolida, después de su gran interpretación en ‘Los Descendientes’ (Alexander Payne), como una actriz con gran futuro.

«En comparación con otros chicos, no he tenido muchas dificultades. No realmente. Ya sabe, pasan cosas, pero siempre pasan cosas, ¿verdad? Pero el verdadero desafío en mi vida, la verdadera dificultad, soy yo. Siempre he sido yo. Desde que puedo recordar, siempre he tenido miedo. Miedo al fracaso, a decepcionar a la gente, a hacerles daño, a que me lo hagan,… Pensé que si estaba en guardia y me centraba en otras cosas, otras personas, si ni siquiera podía sentir, entonces nada me haría daño. Metí la pata. No sólo me cerré al dolor, me cerré a todo, lo bueno y lo malo. Hasta que no quedó nada. Está bien vivir el ahora, pero lo mejor del ahora es que hay otro mañana, y voy a empezar a hacer que cuenten». 

Imagen